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ENTRE LINEAS

Políticamente incorrecto ... o correcto

Vestuario de caballeros (1ª parte)

Vestuario de caballeros (1ª parte)

Estoy convencido que cualquier mujer, daría lo que fuese por la información que se puede extraer de un vestuario de caballeros. No me estoy refiriendo a determinadas características anatómicas de los sujetos visibles para los que allí nos encontramos, que también, sino las que se pueden sacar observando determinados comportamientos de los individuos cuando utilizamos ese santuario “pre” y “post” modelación muscular.


Un dato que no escaparía al interés de las damas, sería el del estado civil de los sujetos o si ‘disfruta’ o no de una relación estable. Nada más sencillo adivinarlo si la señora tuviese acceso al vestuario de caballeros, allí dónde no sólo desnudamos el cuerpo, sino también nuestra alma. Dejamos al descubierto nuestros secretos mejor guardados, en este caso, sin darnos cuenta. No es que se puedan ‘cazar’ conversaciones, que las hay, de varones imprudentes que airean conquistas de sus secretarias u otras ocupaciones, igual de dignas. No se trata de escuchar nada, máxime cuándo ese tipo de varón tiende a la exageración de su poder de seducción y, sobre todo, del despliegue de sus artes amatorias. Es algo mucho más sencillo. Se trata de ver qué hace el hombre en ese vestuario para saber cómo es y cuál es su situación.




Veréis. Un casado tiene tendencia a limpiar de pelos y jabón el suelo cuando se ducha. Evidentemente como se trata de la ducha del vestuario y no la de su casa, no lo hace pero puedes verle cierto movimiento, totalmente instintivo, cuando termina de ducharse dirigiendo el aparato al suelo para que el agua empuje por el desagüe, pelos y jabón, y así dejarlo limpio como una patena. Si quieres hacer la ‘prueba del nueve’ con el casado, mira su taquilla. Totalmente ordenada. Los pantalones colgados en la percha y doblados por la raya natural de la plancha, la camisa o jersey guardando un orden armónico y los zapatos alineados uno al lado del otro con sus calcetines dentro y no amontonados de cualquier forma. La bolsa de deporte del casado suele llevar tres bolsitas de plástico en su interior, de esas que te dan en el supermercado para poner la compra. Una de ellas es para poner la ropa sucia cuándo acabas el ejercicio; otra para las zapatillas de deporte y, la tercera, para las chancletas de la ducha. En algunas versiones de gimnasio, los que tienen piscina, el casado se puede llevar hasta una cuarta bolsa de plástico en la que se pone el bañador y la toalla piscinera (diferente a la toalla utilizada para el secado de las abluciones en la ducha) todo ello para evitar que se moje el interior de la bolsa de deporte. Ese casado que acabo de describir, además, lleva varios años de matrimonio. El aprendizaje en la domesticación de los varones, lleva su tiempo.

Todos somos 'Sims'

Todos somos 'Sims'

- Hija tendrías que leer mas libros y jugar menos a los ‘Sims’ con el ordenador - dijo el padre preocupado porque su niña de once años había sustituido el hábito de leer por el de manejar la ‘ventana mágica’ del PC.

- Papá, tú te pasas las tardes en el ordenador y no lees nada de nada -replicó la menor con cierto fastidio.

- Mira no leeré libros, pero leo ‘diarios’ que me distraen más que los libros y me enseñan a escribir copiando lo que veo de otr@s -se justificó el padre obviando, eso si, sus incursiones dudosamente culturales por el Messenger y páginas de contactos.

- ¿Qué es eso de los ‘diarios’ papá?

- Pues los diarios son páginas que escriben personas contando las cosas que les pasan en su vida, sus aficiones y todo eso.

- Entonces, papá -dijo la pequeña con una sonrisa de triunfo dibujada en su cara- jugar a los ‘Sims’ es mucho mejor que leer la vida de los demás.

- ¿De verdad?

- Claro. Fíjate. Tu lees lo que los demás hacen y yo, con los ‘Sims’ , construyo las vidas que tanto te distraen y te instruyen.

¿Estamos educando ’monstruas’?

Inquieto y preocupado

Inquieto y preocupado

Ando inquieto y preocupado. No es porque sea catalán, viva en Cataluña, hable y escriba en esa lengua, sea gay felizmente casado en espera de adoptar un varón venezolano, tenga unas reputadas bodegas en las que elaboro cava y esté a la expectativa de que la Administración me haga entrega de unos documentos que se incautaron a mis abuelos durante la contienda civil y que ahora están depositados en Salamanca. No es por eso. Lo mío va de humos. Fumo porros y resulta que un vecino mío, que me tiene ojeriza, se ha enterado y temo que me denuncie. Y es que, al igual que la Nación es indisoluble como el aceite en el agua, tal y como se establece en la Constitución española y cualquier contravención a dicho principio obligaría a la intervención de las fuerzas armadas en pro de salvaguardar la unidad patria, fumar substancias ilegales violenta no se cuántos principios constitucionales que llevan aparejadas tantas condenas a muerte como preceptos constitucionales quebrantados. Y, la verdad, me gustaría hacer el tránsito al otro barrio ‘aspirando desmesuradamente’ el humo caliente de mis porros y no por una ‘indigestión masiva’ de frío plomo.






El, hasta ahora, teniente general José Mena Aguado, jefe de la fuerza terrestre del ejército español, también anda “inquieto y preocupado”. Pobrecito. Casi me pongo a llorar (de terror) cuando leí parte del discurso que pronunció por la celebración de la Pascua militar del día 6 de enero, ante el actual rey de España y la cúpula militar en pleno.



“La preocupación por la unidad de España se ha desatado con la presentación del proyecto del «Estatuto de Cataluña».


La historia se repite. Basta leer los discursos de los Diputados Companys, Ortega y Gasset y Azaña cuando en mayo de 1932 las Cortes españolas debatieron el Estatuto de Cataluña. Curiosamente, el entonces Diputado Azaña, que fue un firme defensor del Estatuto de Cataluña cambió radicalmente su visión del Estado y su actitud cuando alcanzó la Presidencia de la República, propugnando un Estado Regional, antecedente del actual Estado de las Autonomías.

 


En todas mis visitas a las Unidades he aprovechado los encuentros con Cuadros de Mando y Tropa, para transmitirles un mensaje de tranquilidad, no exenta de inquietante preocupación.


 

 

Siempre he recalcado que los militares no debemos entrar en disquisiciones políticas que, lógicamente corresponden a los políticos. Ahora bien, es nuestra obligación alertar de las graves consecuencias que podría conllevar la aprobación del Estatuto de Cataluña, en los términos en que está planteado, tanto para las Fuerzas Armadas, (como institución), como para las personas que las integran, en tres aspectos verdaderamente preocupantes para nosotros.


 

 

 

El primero es el concepto de nación, en el que no voy a entrar porque el artículo 2 de la Constitución Española lo expresa clara y rotundamente: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

 

 

El segundo es el de la lengua. El hecho de que en una Autonomía sea exigible el conocimiento de su lengua particular es una aspiración desmesurada que obligaría en las Fuerzas Armadas a regular los destinos a esa Autonomía de la misma forma que actualmente se regulan los destinos en el extranjero. Es decir, que los destinos a Cataluña, País Vasco y Galicia estarían supeditados a la voluntariedad de los militares que quisiesen acreditar el conocimiento de la lengua que fuese exigible en cada Comunidad.

 

 

El tercero está relacionado con la justicia. Las Fuerzas Armadas están desplegadas en todo el territorio nacional. La actual independencia de los Tribunales de Justicia de las Autonomías crea graves problemas en las Fuerzas Armadas al producir sentencias dispares para hechos similares que, (sin estar incursos en el ámbito estrictamente castrense, cuyo tratamiento corresponde a la jurisdicción militar, según el artículo 117, apartado 5 de nuestra Constitución), afectan al régimen interior de las Bases, Acuartelamientos o Establecimientos militares y a las expectativas profesionales de cada uno de los componentes de las Fuerzas Armadas. Este problema se agravaría mucho más con la aparición de poderes judiciales autonómicos, independientes del Estado.

 

 

Afortunadamente, la Constitución marca una serie de límites infranqueables para cualquier Estatuto de Autonomía. De ahí mi mensaje de tranquilidad. Pero, si esos límites fuesen sobrepasados, lo cual en estos momentos afortunadamente parece impensable, sería de aplicación el articulo 8º de la Constitución: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército de Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad y el ordenamiento constitucional».

 

 

No olvidemos que hemos jurado, (o prometido), guardar y hacer guardar la Constitución. Y para nosotros, los militares, todo juramento o promesa constituye una cuestión de honor 

 

 

 ¡¡¡¡ HORRRRRRRRRRRROOOOOOOOOOOORRRRRRRRRR !!!!

¡ Menudas fiestecitas nos estáis dando !

¡ Menudas fiestecitas nos estáis dando !

Este País anda conmocionado y paralizado. Un halo de expectación mantiene en vilo las almas de los españolitos y españolitas que no apartan sus ojos de la pantalla de su televisor, ni sus oídos de los transistores o MP3 con dicha función incorporada. A la conmoción que supuso la inesperada muerte de “papuchi”, aquél nonagenario casado con una cubana a la que triplicaba la edad, ilustre acuñador de frases en el “horterario popular” (raro, raro, raro) y padre oficial de una criatura de pocos meses, otra en camino y otra más que “¡hhhheeeeeeeeeeyyyyyyyyyyyy!” va presumiendo por ahí, hay que sumar el I.A.M. o infarto agudo de miocardio que afectó a la inigualable ‘saeta rubia’, al irrepetible, al único, Alfredo Di Estéfano, presidente honorario del Real Madrid y mítico exjugador de la pelota del R.C.D. Español amén del citado Real Madrid desde que el régimen político imperante en aquella época, principios de los cincuenta, decidió que tamaño jugador no debía vestir la zamarra azulgrana, sino la inmaculada madrileña. No se si será por eso que los “partes médicos habituales” del caballero Di Estéfano se asemejan cada vez más a los del fenecido dictador, Franco (para los que no lo sepan) o porque el País no duerme pensando en la evolución de su salud.



Pero como este País es alegre por naturaleza y como es Navidad y tiene unos mandatarios que no nos los merecemos, ha decidido exportar esa diversión a todos los confines del planeta, haciendo brotar en los labios de cada ciudadano de este mundo (y quién sabe si del más allá) una sonrisa. Bueno, ha sido una sonora carcajada. Y es que nuestra Casa Real (la verdadera) ha decidido felicitar las Navidades y el próspero año nuevo a todo bicho viviente de las cancillerías, con una postal virtual. Es decir que la Familia Real ha enviado una foto virtual de ella misma al mundo real, un fotomontaje de la real pareja junto con todos sus nietos, también reales, pero hechos de manera virtual (¡ que lío me estoy haciendo ¿no?!). Parece ser que al que utilizó el “Fotochop” se le fue un poquitín la mano, el pie en este caso, del monarca, y lo instaló en la foto con una pierna de menos. A la soberana, le desencajó la cabeza y a la niña de la Infanta que tiene una hipoteca en “La Caixa” le puso cuerpo de muñeca “chochona”. Se comenta que el fotomontador no es otro que el republicano Carod-Rovira que ha querido con ello reinvindicar, por un lado, su causa republicana y, por otro lado, su causa. Eso, su causa… La suya ¿eh?


Afortunadamente la familia real-virtual ha deshecho rápidamente el entuerto o puzzle fotográfico, gracias a que en su familia tiene incorporado a ese talento de la comunicación que no es otro que Jesús Ortiz, con amplia experiencia en entrevista a líderes de “talante” universalmente reconocidos y que se publican en revistas de gran difusión … notarial

Cortina de humo

Cortina de humo

En estos días previos a la entrada en vigor de la Ley de Prevención del Tabaquismo, el Ministerio de Sanidad ha lanzado una campaña de “concienciación” de la ciudadanía en forma de mensajes publicitarios, en los que se afirma que, el tabaco, es el causante directo de, al menos, cincuenta mil muertes anuales en España. Si la administración es consciente de eso no entiendo porqué se sigue vendiendo tabaco en este País. Cabría preguntarse si no será por los pingües beneficios que el negocio del tabaco deja en las arcas del Estado, más de seis mil millones de euros, los cuales no retorna para combatir, ni tan siquiera paliar, los efectos de esa horrible pandemia. Desde la misma Administración y de casi todos sus partidos satélites, se intenta atenuar los efectos negativos que provocará en los votantes fumadores la aplicación de la Ley, promoviendo que las administraciones costeen los gastos de deshabituación. De prosperar tal medida serían los impuestos de todos, fumadores y no fumadores, los que deberían sufragar dicha deshabituación. Fantástica medida que reparte entre todos la factura del desastre causado por unas empresas y que, a la hora de los beneficios, no los comparte con sus ciudadanos envenenados. Negocio redondo basado en una tremenda injusticia ya que no es la Administración quién debe pagar esos costes, sino aquellos que se han lucrado con la venta del tabaco es decir, la industria tabaquera. Pero claro, eso le representaría a la Administración iniciar un proceso judicial contra unos socios importantes que reportan buenos dividendos a las arcas del Estado y, ya se sabe, “poderoso caballero don dinero” aunque sea a costillas de las “idems” de los ciudadanos. Mientras tanto entretendrán al personal aprobando leyes de un más que incierto cumplimiento. Mientras tanto irán lanzando cortinas de humo para que no veamos cual es el flujo del dinero desde la industria tabaquera a los bolsillos de nuestra voraz Administración.



La expresión “cortina de humo” se empezó a utilizar en la Grecia antigua a raíz de una situación provocada por un político llamado Alcibíades que vivió allá por el siglo V antes de Cristo. Este no fumador (no consta que fumase nadie en la Grecia antigua) era un mandatario con cierto poder en Atenas que tuvo algunos “problemillas” con sus ciudadanos al abusar del mismo. Cuentan que Alcibíades tenía un perro magnífico que era la envidia y admiración de toda la ciudad, por eso no entendieron que un día, sin venir a cuento, el tirano le pegara fuego y lo matase. Nadie entendió tal acción excepto el tal Alcibíades que, con tamaña atrocidad, intentaba desviar la atención de sus administrados que hablaban más de ese "canicidio", que de los asuntos de su gobierno. Está claro que aprendimos rápido.


Anormales

Anormales

Se suele utilizar la palabra anormal para definir cualquier tipo de enfermedad o retraso mental. También se define anormal a todo aquello que se escapa,  a lo que convive fuera de los parámetros definidos por Gauss. Es decir, a lo extraordinario o no normal dentro de las normas de conducta universalmente admitidas. Teniendo en cuenta esa segunda definición, una persona normal puede convertirse en anormal si accede a unas pautas de conducta o normas de vida a las que escapamos el común de los mortales. Difícilmente, por no decir que es imposible, una persona que vive en la anormalidad, podrá transmutarse en normal. Entiendo que el camino es de una única vía en el sentido normalidad hacia anormalidad.

 

Un ejemplo de personas anormales y a las que quiero referirme son, sin duda, los miembros de la nobleza española y, más concretamente los miembros de la realeza, entre los que incluyo a los monarcas, príncipes, princesas, infantas, infantes, consortes y demás personas que viven en la colateralidad de aquellas. En resumen, los anormales de nacimiento (monarcas, infantas y príncipes) y los anormales sobrevenidos (cónyuges y demás parentela). Por mucho que lo intenten y a nuestros ojos puedan parecerlo, los anormales de nacimiento y los que sobrevienen, nunca podrán ser personas normales. Es más creo que es antinatural que intenten parecerlo y, además, cada esfuerzo por buscar lo cotidiano, lo normal, nos cuesta un ojo de la cara. Si no, véase el latigazo económico que nos supuso a los españolitos el que el príncipe y la princesa Leticia acudiesen a “Zara”, como cualquier persona normal, a comprarle ropita a su hija Leonor. No se piense que fueron los cuarenta euros del pantaloncito lo que nos costó la bromita, no. Eso es el chocolate del loro comparado con el despliegue que supuso la salida a la “normalidad” de los príncipes. Nada menos que veinticinco guardaespaldas visibles y  otros tantos invisibles. La foto de periódicos y revistas del corazón en un intento vano de hacernos creer que son personas como nosotros,  nos salió cara. Y es que el nacimiento de la pequeña Leonor de todas las españas está salpicado de intentos por transfigurar su anormal nacimiento en algo común en todas las familias. Así pues, el padre de la criatura, príncipe heredero al trono, asistió al parto de su ‘cesareada’ hija, “como cualquier padre normal”. También imbuido de la normalidad que caracteriza su principesca vida, permaneció junto a su esposa en los momentos posteriores al feliz alumbramiento y, antes de atender a los medio de comunicación, se duchó y cambió de ropa. Total cuatro horas desde la cesárea hasta su comparecencia en los medios de comunicación para anunciar el evento. Cuatro horas que los antiguos colegas de la princesa Leticia aguantaron a la intemperie, bajo la lluvia y el frío de la noche madrileña hecho este que acabó por certificar el divorcio, por si aún no estaba claro desde que Leticia Ortiz accedió a la anormalidad, existente entre la parturienta y los medios de comunicación.  Y de remate, una semanita en la clínica. Vamos la normal atención que tiene cualquier mujer española que tenga una cesárea. Seguro que cientos de miles de ellas lo pueden atestiguar.

 

El príncipe, por razón del cargo por el que se le paga y mantiene, no puede comportarse como cualquier padre normal. El es un anormal. A él, y por extensión a toda su  familia, se le paga y mantiene para estar al servicio de los ciudadanos de este País y no al contrario. Es él y los monarcas los que deben procurar el bienestar de sus ciudadanos y no al revés. Cabe recordar que las relaciones de vasallaje y las monarquías absolutas, se extinguieron afortunadamente, con la Revolución francesa y, con mayor motivo, esas formas deben ser exquisitas en una monarquía impuesta por Francisco Franco, de profesión dictador. No se me ocurre ni pensar lo que hubiese sucedido si cualquiera de nosotros hubiese obrado de la manera que lo hizo el heredero al trono en nuestro trabajo, es decir, negligentemente. También es fácil imaginar lo que hubiese sucedido si el médico asistente al parto se hubiese retrasado cuatro horas. El despido y la cárcel sin juicio previo hubiesen sido fulminantes.

 

Esos hechos son los que demuestran que una persona anormal no puede pretender  actuar como normal. Un anormal tiene que proceder como lo que es, como un ser anormal, fuera de los modelos de comportamiento de los que somos normales. Tiene que hacer lo que se espera de él que es para lo que paga, para ser un anormal porque, sino, cualquiera vale para hacer de monarca, de príncipe o de infante gozando, eso si,  de los privilegios que gozan. Además es que cuesta poco. Lo único que se le pide es que nos sonría (faltaría más), nos atienda con educación (por supuesto) y nos salude con la mano cuando nos ve (indudablemente). Es decir, no tiene que hacer absolutamente nada, no dar un palo al agua. Como Marichalar que, ese si que es un auténtico profesional de cómo debe comportarse una persona anormal.

 

Y si a pesar de todo, los anormales quieren ser normales, les dejamos, pero me temo que eso si que les va a resultar difícil, no por el hecho de que para ser normal haya que abdicar y renunciar a cargos y prebendas. Eso no es lo más difícil. Lo que de verdad entraña un esfuerzo sobrehumano es el tener que ganarse cada día el pan con el sudor de la frente. La propia, claro.

 

Telemaratones

Telemaratones

Las fiestas de Navidad, Año Viejo-Nuevo y Reyes me dejan, desde hace algunos años, un cierto sabor agridulce. Me imagino, es más, se que, Sada, Amal, Ibrahím y Sasi, niños hindús, nepalís,  marroquís o gambianos, habrán podido disfrutar , por primera vez, de una comida alrededor de una mesa allá en su País, con su familia biológica,  o en el nuestro con la adoptada. Para ellos se les ofrece, en el nuevo año, la posibilidad de labrarse un futuro más cierto, más claro que el que habían tenido hasta ahora. Incluso, alguno de estos niños, han disfrutado de su primera muñeca, de su primer balón de reglamento, de su primera bicicleta. Son niños del llamado “Tercer Mundo” y han tenido la suerte de ser adoptados en algún “telemaratón” que organizan, en estas fechas, las cadenas de televisión. O se ha dado publicidad a través de los medios de comunicación, de algún programa televisivo, de los malos tratos de que son objeto en su Pais,  programas que remueven las conciencias de los que vemos y que nos hacen coger el primer avión hacia donde se encuentran esos desamparados a tratar de adoptar alguno...Aquellos niños han tenido la suerte de entrar en alguna de las plataformas que se reivindican, periódicamente, como  ayuda para los llamados marginados del “Tercer Mundo”. Sus paises son pobres y en ellos hay pocas expectativas de futuro. Por eso se organizan las plataformas a lo largo del denominado “Mundo Industrializado”.




        Juan,  María, Raquel y Javier no se han sentado en ninguna mesa esta Navidad. Y si lo han hecho, no fue con su familia. No han recibido, aún, su primer juguete. Están en algún orfanato con otros niños y niñas como ellos o, lo que es peor, deambulan por los barrios marginales de Barcelona, Madrid, Valencia o Sevilla. Su futuro es incierto y, a ellos, no les ha llegado la oportunidad de ser apadrinados en ningún “telemaratón”. A ellos no se les incluye en las plataformas de ayuda al “Tercer Mundo”... Y es que ellos “disfrutan” de los privilegios de vivir en un Pais industrializado, en una de esos sistemas que se les llama “economía del bienestar” o “sociedad del bienestar”. Tampoco tienen los ojos rasgados, o el color de su piel es blanco, a lo sumo agitanado... Juan, María, Raquel y Javier no sonríen, no juegan, nadie pregunta por ellos... Más adelante, cuando crezcan, formarán parte de las estadísticas y, quizás, se les dedique algún artículo que diga:


“Unas 275.000 personas viven en la calle, en albergues o en infraviviendas en España”. También hay 48.000 chabolas, 37.000 casas en estado ruinoso y 387.000 viviendas que no reunen las mínimas condiciones higiénicas y sanitarias. El número de los ‘sin techo’ en la Unión Europea asciende a 18 millones de personas, si se incluye a aquellas que no tienen acceso a una vivienda personal, permanente y adecuada...” ).


 

 

El contrapunto lo dan Sada, Amal, Ibrahím y Sasi protagonistas de una historia muy diferente: “El auge de las adopciones internacionales, a través de la historia de una niña nepalí. Hemos brindado por la niña con pastel y cava, y hasta hemos cantado a coro una canción navideña que ella ha seguido con los ojos y el semblante traspuesto...”.

 


 

 

Las de estos niños son dos historias con igual inicio pero con destinos diferentes... ¿ Por qué ?. Las respuesta está en nosotros mismos, en la Administración que no ayuda, en los medios de comunicación movidos por audiencias y beneficios... Mientras tanto seguiremos empeñados en no querer ver nuestras propias miserias. Mientras tanto seguiremos sin ayudar a nuestro vecino. Mientras tanto seguiremos descargando nuestras conciencias buscando lo exótico, lo lejano, lo que nos diferencia de nosotros mismos...
 

Estiramientos

Estiramientos Ayer en el gimnasio estuve realizando ejercicios de estiramiento y descubrí músculos allí donde no sabía que existían. Voy a tratar de estirar mi mente para ver si encuentro alguna idea original. Y es que llevo unos días pensando siempre en lo mismo.

Malos humos

Malos humos Estos días no soy el hombre más popular en mi empresa. La cuestión es la siguiente. Hace aproximadamente unos tres años se establecieron medidas para conciliar, como se dice ahora, los “derechos” de los fumadores con los de los no fumadores. Para ello se habilitaron dos espacios junto a las máquinas de café, donde los adictos a la nicotina pueden dar rienda suelta a sus volutas de humo. Como el vicio (el de fumar) tira mucho y el de trabajar poco, el “derecho” a fumar ha ido “in crescendo” y el de laborar “in disminuendo” lo que ha provocado, además, ciertas tensiones entre el grupo de los no fumadores que reclaman interrumpir su jornada laboral cuando quieran ejercitar el “derecho” a dar rienda suelta a sus vicios, al igual que sus humeantes compañeros y compañeras.





Para que el asunto no fuese a mayores, me ha tocado poner un poco de orden en este candente y caliente tema y remití un correo electrónico a tod@s l@s trabajador@s de la Empresa donde “recordaba” que, el “derecho” a fumar, debía ejercerse dentro del tiempo en que se practicaba la “pausa por bocadillo” y no “además de” los veinte minutitos de rigor. Lo cierto es que desde esa fecha se fuma menos a pesar que, los malos humos, se han incrementado.

Nota del autor: Me he abstenido de “informar”, porque temo por mi integridad física, que a partir del próximo uno de enero, no habrá “derecho” a fumar ni en los espacios habilitados para tal fin, ni en la pausa por bocadillo a no ser que se ejercite en la calle.

Nota del autor aclaratoria para granjearse amig@s y provocar un poquito: Como sé que sois lector@s avezad@s habréis observado que he entrecomillado la palabra “derecho” cuando lo he aplicado a “fumar”. El tan cacareado y blandido como estandarte de la libertad individual “derecho a fumar”, no está reconocido en la legislación de ningún país del mundo. Es decir, no existe. Lo que si se recoge en la normativa y, concretamente, en la aplicable a esta futura comunidad de comunidades autónomas, de naciones, aldeas, barrios, etcétera, es el derecho a la salud y a disfrutar de una buena calidad medioambiental. Esos dos derechos, cuando entran en conflicto con el “derecho” a fumar, están por encima de éste. Como resulta que cuando el fumador o fumadora sale a la calle esgrimiendo su cigarro, puro, pipa o similar colisiona con nuestro derecho a disfrutar de una buena calidad medioambiental, no debería fumar, pero como somos buenos, generosos y, sobre todo, tenemos talante, consentimos que fumen en la calle.

Indigentes

La semana pasada estuve siguiendo con atención el debate planteado en el Congreso de los diputados al respecto de la admisión a trámite en la Cámara Baja de la Ley Orgánica sobre la  reforma del Estatut de Catalunya”. Ello me hizo constatar algo que ya sospechaba, por hechos anteriores pertrechados por los protagonistas parlamentarios, y no es otra cosa que saber que estamos gobernados por indigentes tanto a nivel nacional-estatal como a nivel nacional-autonómico-aldeano-comunidad de barrios-etcétera o como quiera que nos vayamos a denominar los y las que tenemos la fortuna de residir en esta, hasta hoy, Comunidad Autónoma. No me refiero a la indigencia económica, que esa doy por supuesta lo lejos que están de ella sus señorías, sino a otro tipo de carencias. Me estoy refiriendo a la indigencia cultural e intelectual de la que hicieron gala nuestros representantes parlamentarios.


De esa pobreza cultural de nuestr@s polític@s, me declaro de antemano, totalmente intransigente. Un político no puede exhibir, sin ruborizarse primero y sin  pedir perdón por ello  acto seguido, la penuria intelectual de la que hicieron gala. Un político a los que les supongo suficiente capacidad para desempeñar su labor, no debe situarse voluntariamente en la incultura. Ellos y ellas han tenido y tienen suficientes medios para acceder a la cultura con plenas y más garantías que cualquiera de sus administrados y, no hacerlo, les incapacita de inmediato para gobernar. Les incapacita porque es sabido que, sin cultura no hay libertad posible (José Julián Martí Pérez -1853-1895- Héroe Nacional de Cuba) y si no saben plantear normas  que garanticen la libertad del individuo, de nada me sirven.

 

 

 


A vuelapluma recogí los siguientes despropósitos. El republicano, Josep-Lluis Carod Rovira, atribuyó la frase Ladran, luego cabalgamos al Quijote. Supongo que se trataría de alguna mala traducción que leyó del inglés su señoría, dada la animadversión de Carod a leer directamente del castellano, porque tan popular frase, corresponde a una obra del nada sospecho de afecto al régimen anterior, don Miguel de Unamuno, concretamente de la “Vida de don Quijote y Sancho”.

 

 

 

 


La socialista Manuela de Madre situó a la Inquisición (la de Torquemada) en el siglo XIX. Y no contenta con referirse a esa redescubierta (por ella) “circunstancia histórica” una vez, lo hizo por tres como las negaciones de Pedro antes de que cantara el gallo.


Mención aparte, a las que me voy a referir a continuación, merecen sus señorías Artur Mas y Mariano Rajoy. Y los incluyo a los dos en un paquete porque ambos están desposeídos de tolerancia, ingrediente principal que hace que las democracias funcionen.

 

 

 

 

El primero de ellos, el convergente (ahora ya no se sabe en qué converge)  Mas,  declaró que “no hablarán de nada con el PP por lo menos hasta la próxima generación”. Brillante ejemplo de cómo entender la convivencia a quién piensa de una manera distinta a la de uno. A Artur Mas, le regalo otra cita de alguien que probablemente ha leído pero que no recuerda. La frase dice así:   "Podré no estar de acuerdo con lo que dices... pero daría la vida por defender tu derecho a decirlo". Es de Voltaire alguien que tampoco es sospechoso de moverse en las ‘oscuras aguas de los salvapatrias’.

 


Al desdichado Rajoy, en tolerancia por supuesto, que se niega una y otra vez a escuchar siquiera, lo que ciento veinte representantes de entre ciento treinta y cinco, han elaborado y votado democráticamente en un parlamento autonómico haciendo gala con ello de una falta de respeto, rayana en el desprecio a esos representantes y a sus ciudadanos, por mucho que se ahogue bebiendo cava catalán, le dedico muy especialmente una poesía, ‘Oda a España’ de Joan Maragall que he traducido a la lengua castellana por si Mariano “no habla el catalán en la intimidad”, ya que yo si que le tengo la consideración que él me ha negado.


Escucha, España, - la voz de un hijo
que te habla en lengua - no castellana:
hablo en la lengua - que me ha dado
la tierra áspera:
en esta lengua - pocos te han hablado;
en la otra, demasiado.

 

Te han hablado demasiado - de los saguntinos
y de los que por la patria mueren:
tus glorias - y tus recuerdos,
recuerdos y glorias - sólo de muertos:
has vivido triste.

 

Yo quiero hablarte - de forma muy distinta.
Por qué verter la sangre inútilmente?
En las venas - vida és la sangre,
vida para los de ahora - i para los que vendrán:
vertida está muerta.

 

Demasiado pensabas - en tu honor
y demasiado poco en tu vivir:
trágica llevabas - a la muerte a tus hijos,
te satisfacías - de honras mortales,
y eran tus fiestas - los funerales,
¡oh triste España!

 

Yo he visto los barcos - partir llenos
de los hijos que llevabas - a que muriesen:
sonrientes marchaban - hacia el azar;
y tú cantabas - cerca del mar
como una loca.

 

Dónde están los barcos, - Dónde los hijos?
Pregúntaselo al Poniente y a la ola brava:
todo lo perdiste, - no tienes a nadie.
España, España, - vuelve en ti,
arranca el lloro de madre!

 

Sálvate, oh!, sálvate - de tanto daño;
que el llanto te vuelva fecunda, alegre y viva;
piensa en la vida que tienes en derredor:
levanta la frente,
sonríe a los siete colores que hay en las nubes.

 

¿Dónde estás, España? - no te veo en ninguna parte.
¿No oyes mi voz atronadora?
¿No entiendes esta lengua que te habla entre peligros?
¿Has desaprendido a entender a tus hijos?
¡Adiós, España!”


VERSIÓN ORIGINAL 


“Escolta, Espanya, - la veu d’un fill
que et parla en llengua - no castellana:
parlo en la llengua - que m’ha donat
la terra aspra:
en aquesta llengua - pocs t’han parlat;
en l’altra, massa.

 

T’han parlat massa - dels saguntins
i dels que per la pàtria moren:
les teves glòries - i els teus records,
records i glòries - només de morts:
has viscut trista.

 

Jo vull parlar-te - molt altrament.
Per què vessar la sang inútil?
Dins de les venes - vida és la sang,
vida pels d’ara - i pels que vindran:
vessada és morta.

 

Massa pensaves - en ton honor
i massa poc en el teu viure:
tràgica duies - a morts els fills,
te satisfeies - d’honres mortals,
i eren tes festes - els funerals,
oh trista Espanya!

 

Jo he vist els barcos - marxar replens
dels fills que duies - a que morissin:
somrients marxaven - cap a l’atzar;
i tu cantaves - vora del mar
com una folla.

 

On són els barcos. - On són els fills?
Pregunta-ho al Ponent i a l’ona brava:
tot ho perderes, - no tens ningú.
Espanya, Espanya, - retorna en tu,
arrenca el plor de mare!

 

Salva’t, oh!, salva’t - de tant de mal;
que el plo’ et torni feconda, alegre i viva;
pensa en la vida que tens entorn:
aixeca el front,
somriu als set colors que hi ha en els núvols.

 

On ets, Espanya? - no et veig enlloc.
No sents la meva veu atronadora?
No entens aquesta llengua - que et parla entre perills?
Has desaprès d’entendre an els teus fills?

Adéu, Espanya!”

 

Faltan muchos lo se. Los citados son una pequeña muestra del elenco de desposeídos que administran nuestra sociedad y hacienda. No me olvido de ellos ni, por no citarlos, son menos indigentes que los otros. Solo es que ya estoy algo cansado de que traten de enseñarme lo que es libertad, democracia y tolerancia.

 

El rey (de la casa) artificial

Juan Carlos y Sofía estaban esperando un hijo. No era un hijo cualquiera. No era normal y corriente, no. Era su primer hijo. Para ellos esto representaba algo maravilloso, una verdadera primicia en sus vidas. En esta larga espera ambos comentaban algunas menudencias de cómo sería aquél ser que iba a nacer.

-         Nacerá el 31 de octubre conmemorando nuestro segundo aniversario de boda - comentaba él.

-         Será un varón que al nacer pesará tres quilos ochocientos gramos – decía ella.
-        
Si, un precioso niño rubio de ojos azules que al nacer destacará por su gran altura, como todos los varones de nuestra familia.
-        
Y no será alto únicamente en estatura ya que llevará el nombre de ilustres personajes: Felipe.
-        
¡Naturalmente!, aseveraba el futuro padre, y para que todo vaya acorde con la categoría de su nombre y su altura, tendrá una gran cama que causará la admiración de cualquier ebanista.
-        
Y le compraremos un gran muñeco de peluche con el que podrá jugar los primeros meses de su vida y en él descargará el dolor de sus dientes a partir del tercer mes, afirmaba la que sería madre.
-        
Será un niño muy inteligente ya que aprenderá a andar muy temprano, cuando apenas haya cumplido los diez meses y todo ello sin necesidad de andadores ni la ayuda de nadie.
-         Aprenderá a decir “Felipe” antes que “papᔠy “mamá”.


Salta a la vista que Juan Carlos y Sofía son un matrimonio muy bien avenido y, por planificar el porvenir de su futuro hijo, no iban a ponerse a discutir. Además a ella le gustaba elogiar a su marido ya que como el niño se iba a parecer a él, tenía que ir ensayando en Juan Carlos su singular oficio de madre tratándolo con mucho cariño y consideración. Así fueron pasando los primeros meses del embarazo, hablando de cómo sería el ‘magnífico´porvenir que le esperaba a la criatura.

-         Cuando cumpla los tres años -decía la aprendiza de progenitora- lo llevaremos al mismo colegio donde estudiamos papá y yo, en aquella escuela donde tan buena caligrafía adquirimos. Él la tendrá un poco ladeada hacia la derecha, símbolo de hombres decididos e inteligentes…
-        
Será un gran aventajado en la literatura y en el arte en general, dando la exacta medida de su gran espiritualidad y sensibilidad…
-        
Sus notas, cuando finalice lo estudios de primaria, serán de ocho matrículas de honor, diez sobresalientes y quince notables. No habrá aprobados y mucho menos un suspenso, palabra que no existirá en su diccionario…
-         Cuando cumpla los dieciséis años empezará a forjarse su espíritu independiente ante la sociedad entera y tendrá que afrontar sus primeros compromisos sociales. Por cierto Sofía –decía Juan Carlos a su mujer- habrá que pensarse un número bonito para su Documento Nacional de Identidad.


El cuento de la lechera iba cobrando poco a poco extraordinarias proporciones. Pobrecitos, había que comprender que era el primer retoño que esperaban.

-         ¿Y en el amor? - se preguntaba la aún no madre- Pues como será un niño guapísimo Radiotelevisión española lo querrá fichar para hacer algún anuncio. Y tendrá a todas las mujeres que quiera, así que tendremos que poner otra línea telefónica en casa para poder atenderlas a todas.
-        
Si –aseveraba el aún no padre- pero habrá una de la que se enamorará locamente que es ahora, la niña que espera Juana de la Cruz de los Santos y de la Virgen María Amén, nuestra gran amiga, con la que uniremos aún más fuertemente nuestros lazos de amistad.
-        
Tendrá tres hijos, dos niñas y un niño, todos muy robustos y con los ojos azules, guapísimos como su padre. Y muy deportistas porque, Felipe, nuestro hijo, será un gran esquiador, nadador, futbolista, tenista, regatista, etcétera, ganando en cada una de esas especialidades un par de medallas, menos en tenis que ganará tres ya que este deporte será su gran pasión.


 
Y el tiempo transcurría sin incidencias destacables en el embarazo de Sofía. El niño que esperaban ya estaba convertido en un prohombre que salvaría a la Humanidad de alguna de sus muchas desgracias. Si, porque no se si he escrito que, Felipe, a sus siete meses de vida fetal, es ya un biólogo con el premio Nóbel en la mano.

-         Descubrirá el virus de sida – afirmaba el próximo progenitor.
-        
… y sus investigaciones darán pie para poder curar el cáncer –no dudaba la próxima progenitora.
-        
… y ya no habrá gripe.
-        
… ni bronquitis asmática.
-        
… y los hombres dejarán de pelearse por un pedazo de tierra.
-        
… y gracias a él ya no habrá hambre en el mundo.
-        
… y nivelará la balanza de pagos.
-        
… y acabará con el desempleo.
-        
… y la inflación.
-        
… y votará al Partido Popular.
-        
… y será ¡¡ Rey ¡! – gritaban ambos padres presos ya de un paroxismo filial poco frecuente.
-         Su muerte y posterior entierro serán una gran manifestación de duelo por la pérdida de tan ilustre personaje, propugnándose su desaparición por todos los medios de difusión declarándose un gran luto en toda la faz de la tierra, pero como será un hombre humilde, pedirá que sus restos descansen en el panteón de nuestra familia el cual tenemos instalado en el pueblo que le verá nacer y que, por cierto, llevará su nombre.


La espera había tocado a su fin. Sofía empezaba a sentir los primeros dolores del parto, la antesala de la vida o … Rápidamente Juan Carlos la trasladó al mejor hospital del pueblo ya que la ocasión no era para menos… ¡¡¡ Al quirófano ¡!!. El gran momento se acercaba. Juan Carlos, en la sala de espera, consumía un cigarro tras de otro oteando impacientemente la puerta del quirófano deseando que se pusiese en marcha lo más pronto posible, la mecánica de la vida.


Ignoro el porqué Juan Carlos, hecho un manojo de nervios, pudo reparar en aquella revista cuyo titular le dejó paralizado: “Según los últimos descubrimientos médicos, el feto que porta la madre en su seno, percibe algunos sonidos”. En ese momento la puerta del quirófano se abrió. Juan Carlos, con la cara desfigurada, se dirigió hacia aquél médico que acababa de salir y, sin que llegase a pronunciar palabra, el galeno gravemente le dijo:


-         Lo siento. La niña ha nacido muerta… No debe preocuparse por su mujer. Está bien… dentro de lo que cabe, claro.

Le dijeron a Juan Carlos que el cordón umbilical se había liado a su cuello y ello, probablemente, le habría provocado la asfixia... ¿Muerte natural o suicidio? Quizá la pequeña sin nombre hubiese sido una gran bióloga. Seguramente habría sido guapa, admirada, deportista y famosa. Quizá hubiese tenido una Carné de Identidad en el que constasen los datos de un personaje de alta alcurnia. Quizá la pequeña sin nombre decidió ser libre.


(Entre Líneas, octubre de 1976)

 

 

 

Uniformes

Uniformes

Solemos identificar lugares y situaciones con ciertos modos de comportamiento y, sobre todo, modas en el vestir. Por eso, es impensable encontrar en una manifestación reivindicando mejoras salariales y convocadas por sindicatos de clase, por ejemplo, a alguien vestido con aspecto burgués es decir, con americana, corbata, afeitado y peinado. Ese esperpento internacional (menos mal que las uniformidades no se dan solo en suelo patrio) se refleja con mayor claridad en los políticos. Así, los de izquierdas, suelen presentarse ante sus militantes convenientemente descamisados, descorbatados y, a ser posible, con aspecto desaliñado. En cambio cuando se dirigen a la ciudadanía que gobiernan, lo hacen ataviados con la típica vestimenta burguesa en la que la americana, la corbata y el mocasín de marca no pueden faltar. Los políticos de derechas, en cambio, son más monocordes en su uniformidad, en su “pensamiento único” en el vestir. Se presentan ante su “hinchada” y ante sus gobernados en igual forma. Con aspecto de derechas, representado universalmente por el traje de nombre italiano, la corbata conjuntada y los complementos “ad hoc” que no citaré porque no es este lugar para dar pábulo ni publicidad a nadie.



A mí me ocurrió algo parecido el jueves por la noche. Me explico. Estos días pasados he estado en Madrid durante los que oficialmente (y realmente, malpensad@s) asistí a un congreso de lo más serio que se pueda imaginar. Claro, en los llamados congresos serios, un@ debe ir vestido con el uniforme de congreso serio y distinguido y ese no es otro que americana, corbata, camisa, mocasines, calcetines negros, etcétera (que es lo que no se ve pero se intuye ;-)). El ir acicalado más o menos como todo el mundo tiene sus ventajas ya que pasas desapercibido y no saludas a aquél (o aquélla) a quién no quieres saludar. Pues bien al término del primer día del congreso, las ocho de la tarde, me largué corriendo hacia la Gran Vía madrileña donde, en el número 54, está el teatro Rialto. Allí se representa “Hoy no me puedo levantar”, un musical que rememora la trayectoria de Mecano (que supongo tod@s conocéis… siiiiiiiiiiii. Que eso es de cultura general ¿eh? ) desde su creación hasta su disolución allá por 1992. Ir a ver un musical de Mecano, santo y seña de la “movida madrileña y algo más” de los Ochenta, sin la “chupa de cuero” es como ir a una playa nudista vestido. Es decir que vas para disfrutar y que te disfruten… Pero, en fin, no me dió tiempo a cambiarme así que tuve que ir con la vestimenta seria y protocolaria del congreso. Total que por una vez, destacaba más por no ir conjuntado con el ambiente, que por mis naturales encantos… Lo que también tuvo sus ventajas ya que la rubia que tocaba la batería encerrada en una especie de jaula de vidrio situada al lado del último anfiteatro, no paraba de mirarme… o al menos era la ilusión (óptica) que yo tenía. Lo cierto es que acabé descorbatado, casi descamisado, absolutamente desmelenado cuando, a grito pelado con esa voz que la madre naturaleza se “ensañó” en regalarme, repetía el estribillo…



“…Y los muertos aquí
lo pasamos muy bien
entre flores de colores
y los viernes y tal
si en la fosa no hay plan
nos vestimos y salimos
para dar una vuelta
sin pasar de la puerta eso si
que los muertos aquí
es donde tienen que estar
y el cielo por mi se puede esperar…”



Y es que, por fortuna, ni mi corazón ni mi mente tienen uniformes... El viernes noche, más. Pero esa es otra historia.

El fracaso de los dioses

El fracaso de los dioses La gente pidió ídolos a los dioses para adorarlos. Estos, conscientes que su condición divina pasaba por satisfacer las necesidades de los humanos tan escasos de valores por los que preocuparse, pusieron en marcha su extraordinaria maquinaria de márqueting publicitario en busca de esos ídolos.


Como no podía ser de otro modo, la convocatoria fue un éxito total. Fueron miles, casi cincuenta mil, los candidatos que se presentaron para ocupar el puesto de ídolo. Pero no todos podían serlo, así que los dioses, que estaban por encima de la sabiduría de los mortales, sometieron a todo tipo de pruebas a los que codiciaban el puesto. Eso suponía supeditarlos a la espera en largas colas a la intemperie para luego, en una habitación decorada más como un zulo que como una sala de exámenes, l@s candidat@s eran juzgados bajo esa mirada que tienen los dioses, mezcla de una desganada soberbia e hipócrita benevolencia.





Uno a uno y una a una fueron pasando los que buscaban la gloria, el “triunfo” como le llamaban a toda esa fantasmal operación. En ese entarimado artificial los dioses, sabedores de su poderío, hacían gritar, llorar, saltar, hasta suplicar a los humanos. Sólo quedaron dieciocho. Eran los elegidos. La gente empezaba a mostrar su idolatría por unos y otras… Llenaban estadios, plazas de ciudades, se compraban camisetas impresas con la foto y el nombre de su ídolo preferido, hacían pancartas con eslóganes, organizaban tertulias cantando y contando las virtudes de sus predilectos. Incluso, los más afortunados, podían verlos y hasta tocar sus vestiduras cuando sus iconos se sometían a las pruebas de gritos modulados semana tras semana. Pero los dioses eran implacables. Cada semana debía abandonar el Olimpo uno de los dieciocho. Normalmente el que menos gritaba, porque de gritar se trataba. Así hasta quedar tres del que saldría el elegido o la elegida. El nuevo ídolo nacional que aglutinaría a las masas ávidas de alguien al que adorar. El Fernando Alonso de la canción. La Penélope Cruz de los escenarios (con perdón). Allí estaría en lo más alto del podio. En el lugar de los vencedores mirando desde cierta distancia, en aquél instante, a los que hasta hacía pocos meses habían sido sus iguales.





Mientras todo esto ocurría seguía recapacitando sobre el nombre del concurso preguntándome el porqué le llaman “Operación Triunfo” si de casi cincuenta mil aspirantes, sólo gana uno. Eso, para mí es un auténtico fracaso porque, si de cincuenta mil pleitos sólo hubiera ganado uno, tendría que haberme ganado la vida de otra manera o, lo que es peor, estaría entre rejas por “mala praxis”. Claro que yo no soy un dios, ni tengo vocación de ídolo. Soy de los que adoro.

La farola

La farola Era una farola vulgar y corriente, como las que hay a cientos en todas las plazas y calles de las ciudades y pueblos. Nadie se fijaba en ella y, si la farola pudiese contar su historia, sólo explicaría que una vez pasó por allí un empleado municipal a cambiarle unos cables que se le habían desgastado con el paso del tiempo. Esa era su mayor anécdota. Esa y que un perro vagabundo y piojoso había marcado su territorio en ella.


Así estaba la farola de nuestra historia, viendo pasar su vida de cuento anodino cuando, un día todo cambió. Sucedió que se había convocado en una estrella cercana a la tierra una convención de magos, aprovechando que ese año se produciría un eclipse de sol. Los magos, debéis saber, sólo pueden viajar a través de la franja oscura que se produce cuándo la Luna tapa al Sol en su trayectoria. Esa zona oscura, es la autopista de los magos y la que les marca el camino hacia la estrella dónde, cada muchos años, se reúnen para hablar de los nuevos avances en el encantamiento.





Dió la casualidad que la franja oscura pasaba por la ciudad donde se ubicaba la farola, así que, ese día, tenía trabajo extra al tener que permanecer encendida durante más horas de las establecidas. Iluminando con su luz amarillenta y mortecina estaba la farola cuando se posó encima de ella, un mago que se había tomado un descanso en su viaje hacia la estrella. La parada fue corta, ya que el eclipse duraba pocos minutos y no era cuestión de desaprovechar la oscuridad que le marcaba su camino. Al reemprender el mago su viaje, se desgarró un pedacito de su traje quedándose enganchado en la parte superior de la farola. Eran apenas unos hilos, un trozo muy pequeño que, dada su posición y tamaño, permanecía oculto a quienes miraban a la protagonista de nuestra historia.


Sabido es que los trajes de los magos son, asimismo, mágicos. También es sabido que la magia se transfiere a quién entra en contacto con ella. Así pues, de esta forma, la tela que se había quedado enganchada a la farola transmitió a ésta poderes mágicos. A partir de aquél momento cuando se le acercaba algún empleado municipal a arreglarle sus circuitos eléctricos, se convertía en propietario de una empresa de componentes electrónicos. El perro que se acercaba a marcar su territorio, en un extraordinario cánido de pedigrí apreciadísimo, orgullo de todas las perritas de la ciudad. El borracho que se acercaba a ella para apoyarse, recuperaba inmediatamente la sobriedad y estaba presto para una nueva juerga etílica, cuestión ésta que llenaba de alegría a los propietarios de los bares. La dama y el varón que se acercaban a abrazarla, no tardaban en encontrar al príncipe o princesa de sus sueños.


Como es normal, la fama de la farola creció rápidamente y venían a visitarla personas de todos los lugares de la tierra, de cualquier clase y condición. Todos y todas formaban grandes colas para conseguir ese punto de magia que le hiciese más felices su vida. El paso del tiempo y el trasiego de la gente habían desgastado mucho el aspecto de la farola. Los responsables del consistorio pensaron que, una farola encantada como aquella, no podía estar sucia ni vieja, así que decidieron hacerle una limpieza a fondo. Así que se pusieron manos a la obra. Le quitaron el polvo, le cambiaron las bombillas, lijaron sus metales, la pintaron con ribetes dorados. Dejaron una farola reluciente y perfecta pero, en toda esta operación, quitaron el trozo de tela que se desgarró del vestido del mago. Y la magia se perdió junto con la tela.


Así que a pesar de ser ahora una farola bellísima, había perdido todo su encanto. Poco a poco la gente fue alejándose de ella, hasta que, nuevamente se quedó allí, sola, como al principio de nuestra historia. Volvía a ser una farola vulgar. Como todas las demás farolas.


Dicen que, aún hoy día, algunas personas que conocen la historia, siguen abrazando farolas esperando encontrar alguna que les transmita su magia. No saben que, la magia, la transmiten ellas en cada abrazo.

Y yo también soy palabra...

Y yo también soy palabra...

De pronto recuperamos la fe en las palabras. Volvemos a creer que pueden decirlo todo, adecuarse para regatear en un rastro, conjurar un miedo, pegar los trozos de la confianza rota, diluir una hostilidad injusta, rehacer la magia de los días, ganar campañas electorales, ser comprendidos, vender peines, recuperar un amor, pisar los paraísos que nos pertenecieron o con los que soñamos como si hubieran sido nuestros. Pero una vez más las palabras no son suficientes. Salen, quieren y creen decirlo, pero chocan con la tapia de los hechos pertinaces, las convicciones inamovibles, los sentimientos sordos, el silencio de los otros o lo otro. Son sólo palabras.


Y entonces comprobamos que todo sigue igual, que las palabras que iban a mover ciudades y sectas de la noche, iluminar mentes, parar guerras o ablandar odios, no mueven absolutamente nada, no iluminan nada, no paran ni ablandan nada sino que se estrellan en un muro de decisiones ya tomadas. Convencieron al que estaba convencido. Y el convencido, el que nos abraza, no lo hace por las palabras sino por otras leyes de la vida y el mundo, por otros hechos, otro azar. Y sentimos rencor hacia las palabras aun cuando obtuvimos lo que queríamos porque no lo obtuvimos gracias a ellas, porque no supieron tocar los actos ni las cosas. Y entonces rebotan y bailan mudas en la boca, pierden su sonido y su sentido, brotan sin ton ni son.


Creías que lo habías dicho todo en la confidencia pero no habías dicho nada. Está ahí la puta pared de la realidad y los recuerdos, la tozudez de las circunstancias y las cosas, la mala cara del destino. El que dijo en una ciudad sitiada «no pasarán» vio cómo pasaron. El que dijo «ya no traicionaré» traicionó una vez más. Quizá cumplir años es aceptar que de nada sirve hablarlo todo, que las palabras no sirven para todo, que no sirven para nada, que si no se mueren dentro de la boca se quedan al borde de los ojos como dudando entre tirarse y no tirarse al vacío.

Soy palabra ...

Soy palabra ... Soy palabra…


que sale intentando revolucionar…
para transformar siquiera alguna vez lo cotidiano.
para deshacer lo hecho…
que intenta de inundar de caricias el universo…
que permite la existencia de la poesía
que inventa aventureros
que hace que los animales hablen…
para que existan los enfados, los encuentros…
para que viva la magia…


Soy palabra e irremplazable... por mucho que les pese a algunos.

Conmoción en el mundo del arte




- ¿Pero tu has visto qué realismo? Es una obra auténtica.


- La verdad es que si. Parece cómo si pudiésemos tocar la palmera.


- Es fantástico. ¿Y has visto el soporte de la palmera? Azul. ¡Que manera de comunicar del autor que estamos faltos de agua!


- ¡Si, si! Es una auténtica imagen de denuncia de cómo degradamos el medio ambiente. Fíjate. Las hojas de la palmera de color gris, caídas, sucias. El tronco, rojo, escuálido, dando la sensación de que la sangre corre por dentro alterada.


- Es una maravilla. La mejor obra del autor que he visto en años.


Eran dos amigos los que tenían esta conversación en una galería de arte de esas para “enterados y enteradas”, entusiasmados ante lo que contemplaban. Pudieron admirar extasiados la portentosa “escultura” durante más de un cuarto de hora. Justo el tiempo que tardó la encargada de la limpieza en recoger la fregona y el cubo con la escurridera para empezar su tarea de lavado del suelo. Y es que, hasta las galerías de arte necesitan limpiarse.

¿Y tú, “echas” o “haces”?




Pues el título que ilustra el escrito de hoy es la sempiterna discusión que mantengo con una amiga mía. Discrepamos en cuál de los dos verbos debe acompañar determinadas acciones, dibujadas en expresiones, de la vida cotidiana. Mientras ella dice “Voy a echar una siesta”, yo expreso “voy a hacer la siesta”. E invariablemente me corrige, “las siestas no se ‘hacen’, se echan”. U otra locución más de las mías, “¿qué hacen en la televisión?” Y, la de ella, “¿qué echan en la televisión?”. De nuevo trato de convencerla en la corrección del empleo del verbo “hacer” y no “echar” por aquello de lo hacendosos y laboriosos que somos los catalanes que siempre preferimos “hacer” y no “echar” como quién tira algo al cubo de la basura. No hay manera de llegar a un consenso lingüístico. Pero en lo que si coincidimos ambos es en lo de “echar un polvo”. Y es que los dos somos así de limpios y no nos gusta “hacer” polvo, sino “echarlos”. Todos los polvos fuera. Cuanto más lejos mejor.

Monumento al horror

Monumento al horror Ayer, 16 de julio, además de ser la Virgen del Carmen y onomástica de todas aquellas que llevan el nombre y quieran celebrarlo, se cumplieron sesenta años de la explosión de ‘Gadget’ de 18’6 kilotones de potencia, en el desierto de la ‘Jornada del Muerto’ cerca de Alamogordo (Nuevo México – EE.UU.). En vez de carne y huesos, ‘Gadget’ estaba compuesto de plutonio 239 y era parte de un ensayo tecnológico-militar para ganarle la carrera armamentística a la Alemania nazi y saber los efectos de una bomba atómica que, pocas semanas más tarde, se utilizaría en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki con el “éxitus” (palabreja que significa en el argot médico, fallecimiento) por todos y todas conocido.


Para observar el evento, los primeros espectadores se situaron a una distancia de nueve quilómetros de la detonación. La onda expansiva se notó a ciento sesenta quilómetros y su deflagración iluminó el cielo de colores púrpura, verde y blanco. ‘Gadget’ dejó un cráter de tres metros de profundidad y trescientos treinta de diámetro y aún hoy día se detecta una cierta radiación residual. Esa zona fue declarada en 1975 monumento histórico nacional por los americanos y hasta se organizan visitas turísticas en los meses de abril y octubre. Un obelisco de piedra negruzca se alza en el hipocentro, allí donde se produjo la explosión, explosión que al ser contemplada por uno de los participantes en el experimento, dijo: “Ahora todos somos unos hijos de puta”. Así sea (amén, en latín). Así es (en castellano).